martes, 8 de octubre de 2013

Mariana


Mariana salió cuando aún no se daban los primeros rayos del sol.

2 maletas y una bolsa de mano. Su paso por la ciudad fue efímero, un año en la facultad y 8 meses en la redacción de una revista de política.
Dejo “La casita” , como le decía al pequeño departamento que habitaba desde que llego a la ciudad. Había dejado un correo electrónico en el buzón de Mauricio.
Era imposible hacerlo de frente. Simplemente no habría podido despedirse.
─No hay duda. Fue cuestión de suerte haberte conocido.  ─Pensaba mientras se alejaba de aquel lugar.
Llevaba más recuerdos que ropa en las maletas. Decir adiós nunca fue tan duro para ella. Por primera vez sintió con él, el fuego azul que le quemaba el cuerpo sin hacerle daño y que la recorría cada vez que se encontraban por casualidad en los pasillos de la facultad.
La de la libertad era ella, porque él aún tenía que avisar en casa para poder salir a verla después de las 9.
Pese a que los dos tenían apenas 22 años, Mariana maduraba cada día un poquito más, muchas veces en contra de su voluntad.
Abordo el taxi rumbo al aeropuerto. Falda corta color blanco, unas botas negras, una blusa a cuadros rojo negro y naranja, cabello suelto y una coronita que le daba un toque hippie.
Paso el taxi cerca de un restaurante de comida rápida donde desayunaron muchas veces. Sintió algo que apretó su estómago, pero no lloró. Mariana jamás lloraba.
Mauricio parecía perfecto, pero descubrió que después del sol, la noche brilla.
Un amor histriónico es el que Mauricio sentía por ella.
Jamás fueron suficientes los te quiero, ni los besos ni la entrega que ella daba con los ojos cerrados.
Pero era bueno.
A su lado  ella siempre fue ella misma y estaba segura que no volvería a sentir algo así jamás.
Podría haberle dicho cuanto realmente le amaba, pero no lo hizo.
El correo solo contenía algunas líneas:

─En cualquier lugar donde me encuentre, me pierdo por ti y me llevo el alma llena de tus sueños.

Llegó al aeropuerto y apenas comenzaban a dejarse ver los primeros rayos del sol.
Se sentó a esperar la última llamada de abordar.
Saco un dulce de amaranto y sonrió al recordar que se llamaban "Alegrías", hojeo un folleto y pensó:
─Iré a Huatulco en cuanto pueda.
Reviso el móvil y ya casi no quedaba batería.
Mauricio habría suplicado de rodillas que no se fuera. Habría llorado y se habría dañado su alma de verla partir, de ver como se escapaba de sus manos irremediablemente.
Ella lo sabía perfectamente.
Pero Mariana tenía prisa. Tenía planes y no podía estacionarse en el amor.
Qué difícil es para ellas romper un corazón. Nadie nunca se detiene a pensar eso. Su alma también se lastima. Desde niñas cae sobre ellas el peso de algún corazón hecho trizas. Una terrible presión emocional, que pasa de las Barbies a las cartas de amor en un abrir y cerrar de ojos.
No hay casi tiempo para ser niña, aquí tienen la razón verdadera de por qué maduran antes que nosotros.
Por supervivencia.
Deben aprender solas como resolver las consecuencias de una mirada furtiva o de una sonrisa dulce.
Mariana pensaba en su destino, en su cabello que había amanecido más reseco y en los pocos billetes que quedaban en su cuenta.
También pensaba en los abuelos, en la vida separada de sus padres, en la hermana que nunca tuvo, pero en Mauricio no pensaba nada o casi nada.  Sin embargo ella le amaba con toda las fuerzas de su alma.
Abordó por fin el avión de las 7:45 la misma hora en que Mauricio salía de la ducha. También la misma hora en que a veces se escapaban para estar juntos.
No llevaba nada de él.
Ningún recuerdo que pudiera guardar en una caja y verlo con el paso de los años.
Mauricio en cambio le habría pedido todo lo que más pudiera ella darle, un cabello, alguna prenda con perfume, cualquier cantidad de cosas que la recordaran.
Mariana lo llevaba en la piel, escondido en un rincón del pensamiento a donde nadie llega.
Ahí donde verdaderamente guardan sus secretos.
No nos extrañe que ellas de repente quieran partir. Son libres como las aves, efímeras, mágicas, impredecibles.
Es hoy cuando hay que amarlas, mientras aún podamos verlas, sentirlas, escucharlas.
Dejemos en secreto todo el sufrimiento que Mauricio vivió al saberla lejos.
Y de Mariana….
Mariana está bien.
Cumpliendo su destino ríe cada vez que puede, recuerda, extraña, añora, pero no llora.
Mariana jamás lloraba.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Un encuentro fortuito



Lo siguiente sucedió por aquellos días en la universidad una tarde de Abril del 2014
Por ahí de las 4 de la tarde salía de la escuela luego de ir a presentar un examen final que aprobé exitosamente y estaba dispuesto a festejar comiéndome unos tacos deliciosos que venden justo a unas calles de ahí  y en donde en un par de ocasiones, por lo general en época de exámenes, algunos de mis amigos del salón y yo hemos disfrutado mucho. Camine apresurado por el antojo y justo antes de llegar un tipo pálido vestido extrañamente me abordo diciendo:
─ ¿Disculpa, tendrás una moneda que puedas regalarme para mi pasaje?
Se trataba de un joven de edad impredecible, de cabello castaño claro y quebrado, muy delgado, su ropa parecía fina por lo que un vagabundo no era.
─Ouch precisamente ahora no traigo una moneda. Y era cierto. Contaba solo con un billete de $50
─ ¿Me invitas algo de tomar? tengo sed. ─Pregunto Su mirada parecía sincera.
─ ¿un refresco está bien?
─ ¿se puede una cerveza?
Este me quiere ligar. Pensé.
Ropa fina, cabello quebrado, de modales finos...
Pero antes de manifestar mi negativa pareció adivinar mi pensamiento y dijo:
─Mira yo no soy de aquí, me mandaron por cuestiones de trabajo y digamos que no me dieron viáticos y quiero probar la cerveza de aquí.
Por algún motivo le creí.
─Bien, aquí en “El Subterráneo” podemos tomar una cerveza, hay música y está tranquilo el ambiente.
─Muy bien te sigo ─dijo
Entramos al subterráneo y nos sentamos en una mesa libre que estaba casi al fondo.
Estaba lleno de niñas lindas que lo miraban. Sin embargo yo estaba intrigado en ver como se comportaba. Hablaba bien el español por lo que el cuento de que era extranjero no me lo tragaba. Así que seguí su juego y pedimos una cerveza en cuanto el mesero se acercó.
─¿Y cómo te llamas? ─Pregunto mientras nos traían la cerveza
─Bruno.
─Yo soy Eliel
─Mucho gusto ─dije en tono amable
¿Y estudias aquí?
─Sí. Economía. 5to semestre
¿Y tú?
─Yo no termine la escuela. Estudiaba periodismo.
─ ¿De dónde eres? ─pregunte
─de un pueblo muy pequeño en el estado de Guerrero
─ ¿Y qué haces aquí Eliel?
─Ya te lo he dicho, vengo por cuestiones de trabajo Llego el mesero con la cerveza y dos vasos de plástico ─Te cobro. Dijo amablemente el mesero ─Claro. Respondí al tiempo que sacaba mi único billete de 50. Eliel se quedó mirando mi cartera.
─Salud Eliel
─Salud Bruno
Pese a la lluvia y del mal tiempo hacía calor, la cerveza pese a que no me gusta (pero bien que le entro) estaba deliciosa.
Eliel bebió de golpe casi medio vaso y luego me miro contento.
─Esta buena
─jajajaj esta chingona
─¿Y a que te dedicas Bruno?
Pronunciaba mi nombre como si llevara tres erres: Brrruno ─Soy burócrata, trabajo en el área de sistemas informáticos, ya tu sabes, quitar virus, formatear equipos, instalar programas, internet, etc. Se había terminado ya su vaso de cerveza y se servía el segundo ¿para agarrar valor?
─ ¿Y tu Eliel?
─Mm digamos que estoy en la parte de seguridad de una empresa muy importante ¿Policía? (Obvio no. Pensé. Con esa pinta de Justin Bieber)
─Algo así pero encubierto ─respondió
Ahora yo había terminado mi vaso de cerveza. Nuevamente llenamos los vasos.
─Agente especial, supongo.
─Exacto ─dijo
Se bebió de sorbo medio vaso.
De plano el tipo ya me había aburrido.
─Bruno si en tu trabajo te dieran una instrucción precisa, pero te dieras cuenta que afecta tus intereses personales, ¿la llevarías a cabo de cualquier forma?
─Si perjudica mis intereses buscaría la forma de complacer al jefe pero también de no afectar lo mío
─ ¿Eso es posible? ─Preguntó seriamente
─claro que sí.
Se bebió el vaso completo y lo lleno de nuevo con lo que quedaba en la botella
─ ¿y cómo?
─Obvio depende de qué situación, pero siempre se puede.
─Siempre se puede ─repitió para sí mismo.
Nos trajeron botana, de esos esponjosos color naranja, pero ya no había cerveza.
─ya dime de que se trata ─dije molesto
─Ok no sé por qué me estoy animando a contártelo, pero debe ser la cerveza.
─ ¿Les ofrezco algo más? ─Pregunto el mesero ─No. Muchas gracias ─Si. Otra cerveza ─dijo Eliel mientras sacaba un billete de 200.
Pinche estafador ─ pensé
─Mira Bruno lo que te voy a decir es bastante delicado. Pero deja que me tome otro vaso de cerveza.
El mesero a tiempo la dejo sobre la mesa y Eliel lleno su vaso y luego el mío. Bebió esta vez todo el vaso completo y dije:
─Perdón, pero ¿acaso no me pediste a mí una cerveza por que no tenías dinero? ¿O me equivoco?.
─Olvida eso. Escúchame bien Bruno. Tengo un problema gordo. Para empezar, soy un Ángel.
─Jajaja. (Este güey se ponía gracioso ─pensé)
─ ¿Y luego? Pregunte entre encabronado por mis 50 y divertido por sus tonterías
─Pues que Dios me mando a cuidar a una chica de que otra no le haga daño.
─ ¿Y?
─Pues esa otra fue mi novia en Acapulco.
A ver, déjame entender, tu estas muerto, te hicieron ángel  y ahora buscas desobedecer a Dios para beneficiar a tu novia.
─Así es. Respondió mientras limpiaba su boca luego de otro medio vaso de cerveza.
Este tipo está loco o comió pintura.
─Supongamos que fuera cierto lo que me dices. Dios todo lo sabe, seguro ya escucho tu plan y te espera una temporada en el infierno y de paso a mí por ayudarte. (La idea me divertía)
─No es así, vamos los ángeles no tenemos supervisión, al morir nos borran la memoria y nos reutilizan, pero en mi caso algo falló y solo me dieron la virtud de ser un ángel pero recuerdo gran parte de mi vida anterior. Incluso puedo decirte que este no es mi rostro yo me veía más hombrecito en mi vida anterior.
El tipo de verdad que convencía, por instantes me sentía en verdad frente a un ángel, pero no quise interrumpir su diálogo así que le seguía el juego esperando escuchar una contradicción.
─ ¿Y qué ventajas tienes de ser un ángel?
─Pues sólo transportarte rápidamente de un lugar a otro, no tienes sueño ni hambre...(primera contradicción estaba bebiendo cerveza)
─...y la cerveza es por el simple recuerdo que me queda como humano
─ya veo. Bueno al grano, muéstrame algo que me asombre
─ ¿y prometes ayudarme? ─pregunto
─Claro, quid pro quo
─Está bien.
Tomo otro vaso de cerveza lleno y luego de limpiarse la boca me mostró su mano
─observa bien la palma de mi mano.
Me acerque y tome su mano y en la palma justo en el centro a través de la piel se veía un diminuto sistema solar en movimiento. Era asombroso
─ ¿Qué se supone que es Eliel?
─Es nuestro reloj
─Vaya esta increíble, neta me quedé congelado
─ ¿Ahora me crees? ─Me preguntó
─Sí.  (Y no mentía).
─Ok ahora dime ¿y tú qué harías? ─preguntó cada vez más serio
─Primero dime ¿Por qué siendo un ángel no eres más inteligente y sabio? ─pregunté
─pues no sé, hay niveles como aquí. Soy un simple gato, un ángel de la guarda común y corriente, con los siglos puedo ascender a querubín y con suerte y una buena palanca puedo ser arcángel, pero con esto que vamos a hacer, dudo mucho que me quede arriba.
─ ¿vamos a hacer? No me embarres ─dije medio preocupado. (jajaja el principio de agnosticismo que se traduce en un no creo, pero por si las dudas….)
─Yo solo te diré lo que yo haría en tu lugar y luego es─tu─pen─do
─Bien Bruno lo acepto.
─Pero antes dime, ¿me puedes hablar del futuro? ¿Qué será de mí? ¿Pasare econometría?
─Que te digo que sólo soy un ángel, no tengo ni puta idea que pasara mañana, ni quién ganará la lotería, y no sé si la selección llegara al mundial.
¿Les ofrezco algo más? ─pregunto el mesero
─Otra cerveza. Dijo Eliel
─Ok acepto. Háblame de ella
─Se llama Ana Claudia. Es la niña más risueña del universo, es noble y dulce pero tiene un gran problema. Tiene un sueño desde niña que es entrar a estudiar actuación en una escuela aquí en la ciudad. Sin embargo, Berenice, su mejor amiga, también se contagió del sueño y ahora quiere muy en sus adentros entrar también a ese ambiente.
─Pueden entrar las dos, ¿Cuál es el problema? Las escuelas son grandes aquí. ─dije
─Sí. Pero por cuestiones de destino, Dios quiere que solo Berenice entre y Ana Claudia, mi amor, se quede en Acapulco.
─ ¡Qué diablo de Dios es este! ¿Y por qué no te mandó a cuidar a Claudia? ─Pregunté molesto
─Eso mismo pregunté y me salieron con la mamada de que los designios de Dios son misteriosos.
─La cosa es que solo me advirtieron que solo ha habido un ángel que se ha revelado y bueno, ya conoces el resto de la historia.
–Claro, (Sexo Drogas y Rock&Rol pensé).
─Bien, recapitulando, si Claudia, tu novia, lo que más desea en la vida es entrar a esa escuela, pues podrías sabotear a una tercer persona y listo. Claro elige a una de esas flojas que sabes que no la van a hacer y ya está.
─No. No me entiendes, no puedo alterar ni hablar con nadie de nada. Según las instrucciones, debo solo cuidar que a Berenice no le pase nada y de Claudia no tengo idea que pueda pasar, solo sé que Berenice se quedará en la escuela y Claudia no. Ella va a sufrir mucho.
─Lo siento Eliel, no se me ocurre nada que podamos hacer y que sea legal y divino al mismo tiempo. Todo lo que se me ocurre es retorcido y malvado. Por ejemplo, romperle una pierna a Berenice, sin que le pase nada grave, obvio. Un simple dolorcito y ya, no acude a la entrevista y listo. Se queda Claudia, a Berenice se le pasará pronto y listo el año entrante estará de vuelta y todos felices.
─ ¿Y si se entera Dios? Preguntó en voz bajita.
─Pues se la volteas. Le dices que sus gatos no hicieron bien su trabajo, que tú todavía recuerdas cosas de tu vida pasada y listo, le dices que según tu libre albedrío actuar así fue lo que te dictó tu conciencia, luego te arrepientes, pides perdón y listo. A cantar "Dominique nique nique" eternamente por los siglos de los siglos
─ No mames Bruno, Dios lee la mente
─Por eso, finalmente y como diría un abogado retorcido: Dios dijo que todos los ángeles lo obedecieran, pero no dijo nada de los “medios ángeles”. Por lo tanto si los de tu clase aún no están clasificados, no cometes rebelión alguna.
─No creo que funcione, sin embargo lo voy a intentar. La amo demasiado a costa de mi propia salvación, pues he conocido el cielo y nada se compara al cielo de su pelo.
─Disculpen que interrumpa.
Alguien nos había escuchado.
Se acercó un señor  muy muy delgadito de ojos hundidos y mirada serena.
─No pude evitar escuchar su plática. ¿Me permiten opinar?
Eliel se quedó pasmado y sin poder hablar. A mí me andaba mucho del uno pero no sé si era por la cerveza o porque el viejito pareció intimidarme.
─Adelante. ─dije al fin.
─Hace muchos años no escuchaba una conversación así. ─Decía mientras se sentaba en la pequeña mesa circular y sacaba al tiempo un cigarro barato de su vieja chamarra.
─¿Están bien o les ofrezco algo más?─Pregunto el mesero El viejito lo miro y el mesero se quedó sin habla.
─Estamos bien hijo, por ahora nada.
El mesero se fue.
─Les decía, hace mucho no escuchaba algo tan interesante y divertido. Pero tengo muchos años y los viejos siempre saben más. Lo que piensan hacer no es buena idea.
Eliel estaba contrariado, quizá un tanto asustado pero reflejaba más una profunda tristeza.
─¿Y usted que haría? Pregunte serio.
─Todo ha de cumplirse. Cada momento, cada beso, cada cerveza que se abre y cada cigarrillo que se acaba. Cada risa y cada llanto, cada encuentro y cada despedida, todo ha de cumplirse. La vida es como un collar inmenso del que no puede romperse el hilo porque todas las piedritas se caerían y se perderían para siempre.
─Nadie me entiende. Dijo Eliel con llanto en los ojos. He muerto en vano y ahora ni muerto puedo hacer nada.
─No fue en vano. ─Le dijo el viejo
─Pues qué vida tan mierda ─dije Yo.
─ ¿Te parece? Pregunto el viejo. ¿Has pensado cuantos días de tu vida no los disfrutas? Haciendo todo menos ser feliz. Mira mi cigarro, se acabó y no lo disfrute porque no me detuve unos minutos a disfrutarlo. O el chaval de aquella mesa que toma la cerveza para nublar su realidad sin detenerse ni un instante a observar como lo mira su amiguita que hoy vino solo por hacerle compañía, porque en realidad ella odia la cerveza. Y él, simplemente no se dará cuenta jamás.
Y el que está a su lado, el gordito, la mira enamorado y no ha tomado nada por querer cuidarla. Tampoco ella se dará cuenta de eso. ¿Y por qué? ─Preguntó  mientras daba una fumada larga a su cigarro hasta hacer tronar el tabaco.
─Por qué piensan siempre que les queda mucho tiempo. Gran error. Por qué jamás tienen el tiempo de observar como los miran los demás, lo que dicen en voz baja o entre líneas  y así le cierran muchas veces las puertas al amor, ese que muchas veces no vuelve a aparecer.
Eliel lloraba con la cabeza ente los brazos y sobre la mesa.
El viejo lo miraba serenamente.
─Voy rápido al baño ─dije.
Me moví directo al baño y cuando regrese el viejo encendía un tercer cigarro.
─Y bueno entonces ¿Qué haremos? ─Pregunte
─ ¿Ya pensaste en pedirle ayuda al de abajo?
El viejo me miro molesto y dijo
─Ni se te ocurra.
─Pues entonces revélate Eliel ─dije decidido. Eliel pareció considerarlo.
─Basta,-dijo el viejo ya molesto. Haré algo que puede costarme muy caro pero dado que jamás había visto ni escuchado nada similar lo haré como excepción.
El viejo saco una agenda pequeña y muy vieja con hojas amarillentas y algunas desprendidas. Saco unos lentes con uno de los cristales estrellado y un lápiz viejo y mordido, sin goma, pequeño.
─Claudia, Claudia, Acapulco, mmm esta difícil el caso, mucho trabajo en Acapulco. Aquí esta.
Yo ya no entendía nada.
Se acercó a Eliel y en voz baja le dijo
─Has lo que te piden. Claudia va a estar bien por mucho tiempo. Mucho mucho tiempo según mi agenda.
Me empezó a andar del baño nuevamente y no era por cerveza. Me di cuenta que nadie pero nadie absolutamente nadie nos miraba desde que el viejo se sentó junto a nosotros.
Eliel seco sus lágrimas.
─Muchas gracias de verdad. ─Dijo Eliel ahora con una tranquilidad que reflejaba en su rostro.
─No todo es lo que parece ─Dijo el viejo
─¿Quién es usted? ─Pregunte en voz baja al viejo
 ─Sabes bien quien soy Bruno
─La muerte. Pensé y el viejo sonrió.
─Me voy jóvenes, de vez en cuando escuchen a los viejos siempre tenemos algo que aportarles.
Nos vemos Bruno.
─¿Pronto? ─Pregunte con miedo
─Disfruta tus días
─ ¿días? ─pregunté más asustado
─mmm Veamos, B…Bruno, Bruno… ─decía el viejo mientras consultaba su vieja agenda
─No quiero saber ─dije casi gritando
─ Jajajaja ─se rio el viejo y movió la cabeza negando
─De todos modos no te iba a decir nada, así que tu tranquilo y yo preocupado jajaja
Y salió del subterráneo mientras encendía otro cigarrillo sin parar de reír.
A los pocos minutos, Eliel se despidió de mí.
─Gracias Bruno y buena suerte.
─Adiós Eliel. Dije aun temblando con una mezcla de emoción y miedo y euforia
Si, A Dios, no hay de otra. ─Respondió y se fue.

 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Gracias

Gracias a mi amiga Jessi de Economía en CU

Un gran detalle de tu parte.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Topacio y Felipe del Río


Topacio

Si bien es cierto Topacio no era su verdadero nombre, pero en los momentos en que acabas de conocer a alguien y teniendo la certeza de no volver a verlo nunca, se antoja ser siempre otro.
Entre un lunes a una librería en el centro histórico donde predominaba la venta de libros viejos.
Fui un niño que a los 13 años disfrutaba al encontrar libros de poesía lírica, mi favorita ─después explicare porque─ sin embargo, ese gusto prevalece aún en mí.
Aquella tarde sobre pequeños estantes había oferta de libros de todo tipo en 20 pesos.
La Navidad en las montañas, El Zarco, El sí de las niñas, Así Hablo Zaratustra, una edición seminueva  de Estas ruinas que ves atrapo mi atención.
Hojeaba deliciosamente cuando una vocecita pregunto:
─ ¿te gusta Ibargüengoitia?
Alce la vista mientras respondía y al mismo tiempo descubría una chica de cabello negro y grandes lentes. Lo primero que le vi fueron los ojos, parecían 2 canicas nuevas de color negro muy brillantes y enseguida su boca grande pintada de rojo.
─Si, me encanta ─respondí. ─¿Te gusta a ti también?
─Si, ya leí todos.
─Wow se me hace tan raro encontrar hoy en día una chica que lea, aunque bueno, no hace mucho me hice amigo de una.
─ ¿Y que más te gusta leer? Pregunte emocionado.
─Pues de todo, novela, ensayo, poesía.
Dios mío, mi alma gemela ─pensé.
─ ¿Y tu? Me pregunto mientras subía sus enormes lentes a la vez que arrugaba de forma sexy su nariz.
─Ídem (palabra dominguera) me encantan sobre todo los poetas malditos, Baudelaire, Gerad de Nerval, el conde de Lautreamount…
─No me suena ninguno, pero ¿Por qué son malditos? Pregunto interesada
─Por que encontraron la belleza en el mal.
─¿Hay belleza en el mal?
─Más de la que te imaginas ─dije tratando de parecer interesante.
─¡Uy! ─respondió con ironía y sin tantito miedo (Me acorde de Karelin)
─Pues no veo como cual. ─respondió altanera
Te puedo querer como se quiere a la muerte tras la agonía del encierro en una prisión perpetua en lo más alto de la montaña ─Es de un poeta maldito contemporáneo. (O sea Yo).
─¿Lo ves? Eso fue hermoso y a la vez oscuro ─argumenté triunfante
─Mmm no está mal pero no compraría un libro de ese poeta ─dijo indiferente y frunció la naricita otra vez.
─Pacatelas!! Eso sí dolió
─Bueno sin embargo siempre hay público para cada locura que se ocurra  ─eso también es mío─
Silencio incómodo. Hora de partir
─ Me tengo que ir. Y a todo esto ¿Cómo te llamas?
─Topacio
─Mucho gusto Topacio
─Yo soy Felipe del Río. (jajajaj un personaje de una película que me gusta mucho y que por cierto recomiendo: Al son de la Marimba)
─Mucho gusto Felipe
─Pues nada, buena suerte en tus lecturas.
Caminé hacia el metro, ya era tarde y el cielo amenazaba con llover. Entre a una tienda de helados y me compre uno de frutas secas. Delicioso.
A las primeras gotas caminé hasta la estación de Bellas Artes y antes de pasar mi tarjeta de acceso por los torniquetes, “I saw her standing there”.
Si. La ví ahí.
Los lentes le resbalaban por la nariz y buscaba en su bolsa-mochila, supongo yo que su boleto del metro.
Me acerqué amigable para no apenarla.
─Hola Topacio
─Ah, hola
─¿quieres un boleto? Pregunte sonriendo
─ Si, te lo acepto por que no encuentro los míos y se me hace tarde ─respondió mientras mascaba un chicle y tronaba una bombita
─Pues vamos.
Subimos al metro y tome una foto mientras tronaba otra bombita.
─Pues nada Topacio, me despido por segunda vez, mi verdadero nombre es Legión
─Mucho gusto Legión, yo soy Lilith
Reí de verdad encantado por el nivel de su ironía y salí del vagón sin dejar de verla y de decirle adiós con la mano.

 

Bienvenidos !!!

Mi blogg es como un pequeño e íntimo departamento en el que pueden entrar en son de paz.
En este sitio podré compartir experiencias, anécdotas y todo tipo de comentarios sin una línea específica, por lo que resultará divertido navegar sin rumbo.
Espero contar con la participación de todos ustedes, sus comentarios serán pilares en la construcción y soporte de este espacio irreverente.
Bruno.

El momento llegó y aunque será fugaz, tendrá además de alegría, un toque de eternidad....

miércoles, 21 de agosto de 2013

Aquella vez que me asaltó la lluvia


Regreso a lugares del pasado, por que voy cerrando capítulos completos, me veo y rio.

Me recuerdo en el pasado, recordando un pasado.

Me compadezco,

me admiro,

me canso.

Me sorprendes inspiración;

me intimidas,

me das miedo.

Llegas siempre como el amante clandestino.

En el peor momento

sin duda,

en el peor momento.