Lo siguiente
sucedió por aquellos días en la universidad una tarde de Abril del 2014
Por ahí de las 4 de la tarde salía de la
escuela luego de ir a presentar un examen final que aprobé exitosamente y estaba dispuesto a festejar
comiéndome unos tacos deliciosos que venden justo a unas calles de ahí y en donde en un par de ocasiones, por lo
general en época de exámenes, algunos de mis amigos del salón y yo hemos
disfrutado mucho. Camine apresurado por el antojo y justo antes de llegar un
tipo pálido vestido extrañamente me abordo diciendo:─ ¿Disculpa, tendrás una moneda que puedas regalarme para mi pasaje?
Se trataba de un joven de edad impredecible, de cabello castaño claro y quebrado, muy delgado, su ropa parecía fina por lo que un vagabundo no era.
─Ouch precisamente ahora no traigo una moneda. Y era cierto. Contaba solo con un billete de $50
─ ¿Me invitas algo de tomar? tengo sed. ─Pregunto Su mirada parecía sincera.
─ ¿un refresco está bien?
─ ¿se puede una cerveza?
Este me quiere ligar. Pensé.
Ropa fina, cabello quebrado, de modales finos...
Pero antes de manifestar mi negativa pareció adivinar mi pensamiento y dijo:
─Mira yo no soy de aquí, me mandaron por cuestiones de trabajo y digamos que no me dieron viáticos y quiero probar la cerveza de aquí.
Por algún motivo le creí.
─Bien, aquí en “El Subterráneo” podemos tomar una cerveza, hay música y está tranquilo el ambiente.
─Muy bien te sigo ─dijo
Entramos al subterráneo y nos sentamos en una mesa libre que estaba casi al fondo.
Estaba lleno de niñas lindas que lo miraban. Sin embargo yo estaba intrigado en ver como se comportaba. Hablaba bien el español por lo que el cuento de que era extranjero no me lo tragaba. Así que seguí su juego y pedimos una cerveza en cuanto el mesero se acercó.
─¿Y cómo te llamas? ─Pregunto mientras nos traían la cerveza
─Bruno.
─Yo soy Eliel
─Mucho gusto ─dije en tono amable
¿Y estudias aquí?
─Sí. Economía. 5to semestre
¿Y tú?
─Yo no termine la escuela. Estudiaba periodismo.
─ ¿De dónde eres? ─pregunte
─de un pueblo muy pequeño en el estado de Guerrero
─ ¿Y qué haces aquí Eliel?
─Ya te lo he dicho, vengo por cuestiones de trabajo Llego el mesero con la cerveza y dos vasos de plástico ─Te cobro. Dijo amablemente el mesero ─Claro. Respondí al tiempo que sacaba mi único billete de 50. Eliel se quedó mirando mi cartera.
─Salud Eliel
─Salud Bruno
Pese a la lluvia y del mal tiempo hacía calor, la cerveza pese a que no me gusta (pero bien que le entro) estaba deliciosa.
Eliel bebió de golpe casi medio vaso y luego me miro contento.
─Esta buena
─jajajaj esta chingona
─¿Y a que te dedicas Bruno?
Pronunciaba mi nombre como si llevara tres erres: Brrruno ─Soy burócrata, trabajo en el área de sistemas informáticos, ya tu sabes, quitar virus, formatear equipos, instalar programas, internet, etc. Se había terminado ya su vaso de cerveza y se servía el segundo ¿para agarrar valor?
─ ¿Y tu Eliel?
─Mm digamos que estoy en la parte de seguridad de una empresa muy importante ¿Policía? (Obvio no. Pensé. Con esa pinta de Justin Bieber)
─Algo así pero encubierto ─respondió
Ahora yo había terminado mi vaso de cerveza. Nuevamente llenamos los vasos.
─Agente especial, supongo.
─Exacto ─dijo
Se bebió de sorbo medio vaso.
De plano el tipo ya me había aburrido.
─Bruno si en tu trabajo te dieran una instrucción precisa, pero te dieras cuenta que afecta tus intereses personales, ¿la llevarías a cabo de cualquier forma?
─Si perjudica mis intereses buscaría la forma de complacer al jefe pero también de no afectar lo mío
─ ¿Eso es posible? ─Preguntó seriamente
─claro que sí.
Se bebió el vaso completo y lo lleno de nuevo con lo que quedaba en la botella
─ ¿y cómo?
─Obvio depende de qué situación, pero siempre se puede.
─Siempre se puede ─repitió para sí mismo.
Nos trajeron botana, de esos esponjosos color naranja, pero ya no había cerveza.
─ya dime de que se trata ─dije molesto
─Ok no sé por qué me estoy animando a contártelo, pero debe ser la cerveza.
─ ¿Les ofrezco algo más? ─Pregunto el mesero ─No. Muchas gracias ─Si. Otra cerveza ─dijo Eliel mientras sacaba un billete de 200.
Pinche estafador ─ pensé
─Mira Bruno lo que te voy a decir es bastante delicado. Pero deja que me tome otro vaso de cerveza.
El mesero a tiempo la dejo sobre la mesa y Eliel lleno su vaso y luego el mío. Bebió esta vez todo el vaso completo y dije:
─Perdón, pero ¿acaso no me pediste a mí una cerveza por que no tenías dinero? ¿O me equivoco?.
─Olvida eso. Escúchame bien Bruno. Tengo un problema gordo. Para empezar, soy un Ángel.
─Jajaja. (Este güey se ponía gracioso ─pensé)
─ ¿Y luego? Pregunte entre encabronado por mis 50 y divertido por sus tonterías
─Pues que Dios me mando a cuidar a una chica de que otra no le haga daño.
─ ¿Y?
─Pues esa otra fue mi novia en Acapulco.
A ver, déjame entender, tu estas muerto, te hicieron ángel y ahora buscas desobedecer a Dios para beneficiar a tu novia.
─Así es. Respondió mientras limpiaba su boca luego de otro medio vaso de cerveza.
Este tipo está loco o comió pintura.
─Supongamos que fuera cierto lo que me dices. Dios todo lo sabe, seguro ya escucho tu plan y te espera una temporada en el infierno y de paso a mí por ayudarte. (La idea me divertía)
─No es así, vamos los ángeles no tenemos supervisión, al morir nos borran la memoria y nos reutilizan, pero en mi caso algo falló y solo me dieron la virtud de ser un ángel pero recuerdo gran parte de mi vida anterior. Incluso puedo decirte que este no es mi rostro yo me veía más hombrecito en mi vida anterior.
El tipo de verdad que convencía, por instantes me sentía en verdad frente a un ángel, pero no quise interrumpir su diálogo así que le seguía el juego esperando escuchar una contradicción.
─ ¿Y qué ventajas tienes de ser un ángel?
─Pues sólo transportarte rápidamente de un lugar a otro, no tienes sueño ni hambre...(primera contradicción estaba bebiendo cerveza)
─...y la cerveza es por el simple recuerdo que me queda como humano
─ya veo. Bueno al grano, muéstrame algo que me asombre
─ ¿y prometes ayudarme? ─pregunto
─Claro, quid pro quo
─Está bien.
Tomo otro vaso de cerveza lleno y luego de limpiarse la boca me mostró su mano
─observa bien la palma de mi mano.
Me acerque y tome su mano y en la palma justo en el centro a través de la piel se veía un diminuto sistema solar en movimiento. Era asombroso
─ ¿Qué se supone que es Eliel?
─Es nuestro reloj
─Vaya esta increíble, neta me quedé congelado
─ ¿Ahora me crees? ─Me preguntó
─Sí. (Y no mentía).
─Ok ahora dime ¿y tú qué harías? ─preguntó cada vez más serio
─Primero dime ¿Por qué siendo un ángel no eres más inteligente y sabio? ─pregunté
─pues no sé, hay niveles como aquí. Soy un simple gato, un ángel de la guarda común y corriente, con los siglos puedo ascender a querubín y con suerte y una buena palanca puedo ser arcángel, pero con esto que vamos a hacer, dudo mucho que me quede arriba.
─ ¿vamos a hacer? No me embarres ─dije medio preocupado. (jajaja el principio de agnosticismo que se traduce en un no creo, pero por si las dudas….)
─Yo solo te diré lo que yo haría en tu lugar y luego es─tu─pen─do
─Bien Bruno lo acepto.
─Pero antes dime, ¿me puedes hablar del futuro? ¿Qué será de mí? ¿Pasare econometría?
─Que te digo que sólo soy un ángel, no tengo ni puta idea que pasara mañana, ni quién ganará la lotería, y no sé si la selección llegara al mundial.
¿Les ofrezco algo más? ─pregunto el mesero
─Otra cerveza. Dijo Eliel
─Ok acepto. Háblame de ella
─Se llama Ana Claudia. Es la niña más risueña del universo, es noble y dulce pero tiene un gran problema. Tiene un sueño desde niña que es entrar a estudiar actuación en una escuela aquí en la ciudad. Sin embargo, Berenice, su mejor amiga, también se contagió del sueño y ahora quiere muy en sus adentros entrar también a ese ambiente.
─Pueden entrar las dos, ¿Cuál es el problema? Las escuelas son grandes aquí. ─dije
─Sí. Pero por cuestiones de destino, Dios quiere que solo Berenice entre y Ana Claudia, mi amor, se quede en Acapulco.
─ ¡Qué diablo de Dios es este! ¿Y por qué no te mandó a cuidar a Claudia? ─Pregunté molesto
─Eso mismo pregunté y me salieron con la mamada de que los designios de Dios son misteriosos.
─La cosa es que solo me advirtieron que solo ha habido un ángel que se ha revelado y bueno, ya conoces el resto de la historia.
–Claro, (Sexo Drogas y Rock&Rol pensé).
─Bien, recapitulando, si Claudia, tu novia, lo que más desea en la vida es entrar a esa escuela, pues podrías sabotear a una tercer persona y listo. Claro elige a una de esas flojas que sabes que no la van a hacer y ya está.
─No. No me entiendes, no puedo alterar ni hablar con nadie de nada. Según las instrucciones, debo solo cuidar que a Berenice no le pase nada y de Claudia no tengo idea que pueda pasar, solo sé que Berenice se quedará en la escuela y Claudia no. Ella va a sufrir mucho.
─Lo siento Eliel, no se me ocurre nada que podamos hacer y que sea legal y divino al mismo tiempo. Todo lo que se me ocurre es retorcido y malvado. Por ejemplo, romperle una pierna a Berenice, sin que le pase nada grave, obvio. Un simple dolorcito y ya, no acude a la entrevista y listo. Se queda Claudia, a Berenice se le pasará pronto y listo el año entrante estará de vuelta y todos felices.
─ ¿Y si se entera Dios? Preguntó en voz bajita.
─Pues se la volteas. Le dices que sus gatos no hicieron bien su trabajo, que tú todavía recuerdas cosas de tu vida pasada y listo, le dices que según tu libre albedrío actuar así fue lo que te dictó tu conciencia, luego te arrepientes, pides perdón y listo. A cantar "Dominique nique nique" eternamente por los siglos de los siglos
─ No mames Bruno, Dios lee la mente
─Por eso, finalmente y como diría un abogado retorcido: Dios dijo que todos los ángeles lo obedecieran, pero no dijo nada de los “medios ángeles”. Por lo tanto si los de tu clase aún no están clasificados, no cometes rebelión alguna.
─No creo que funcione, sin embargo lo voy a intentar. La amo demasiado a costa de mi propia salvación, pues he conocido el cielo y nada se compara al cielo de su pelo.
─Disculpen que interrumpa.
Alguien nos había escuchado.
Se acercó un señor muy muy delgadito de ojos hundidos y mirada serena.
─No pude evitar escuchar su plática. ¿Me permiten opinar?
Eliel se quedó pasmado y sin poder hablar. A mí me andaba mucho “del uno” pero no sé si era por la cerveza o porque el viejito pareció intimidarme.
─Adelante. ─dije al fin.
─Hace muchos años no escuchaba una conversación así. ─Decía mientras se sentaba en la pequeña mesa circular y sacaba al tiempo un cigarro barato de su vieja chamarra.
─¿Están bien o les ofrezco algo más?─Pregunto el mesero El viejito lo miro y el mesero se quedó sin habla.
─Estamos bien hijo, por ahora nada.
El mesero se fue.
─Les decía, hace mucho no escuchaba algo tan interesante y divertido. Pero tengo muchos años y los viejos siempre saben más. Lo que piensan hacer no es buena idea.
Eliel estaba contrariado, quizá un tanto asustado pero reflejaba más una profunda tristeza.
─¿Y usted que haría? Pregunte serio.
─Todo ha de cumplirse. Cada momento, cada beso, cada cerveza que se abre y cada cigarrillo que se acaba. Cada risa y cada llanto, cada encuentro y cada despedida, todo ha de cumplirse. La vida es como un collar inmenso del que no puede romperse el hilo porque todas las piedritas se caerían y se perderían para siempre.
─Nadie me entiende. Dijo Eliel con llanto en los ojos. He muerto en vano y ahora ni muerto puedo hacer nada.
─No fue en vano. ─Le dijo el viejo
─Pues qué vida tan mierda ─dije Yo.
─ ¿Te parece? Pregunto el viejo. ¿Has pensado cuantos días de tu vida no los disfrutas? Haciendo todo menos ser feliz. Mira mi cigarro, se acabó y no lo disfrute porque no me detuve unos minutos a disfrutarlo. O el chaval de aquella mesa que toma la cerveza para nublar su realidad sin detenerse ni un instante a observar como lo mira su amiguita que hoy vino solo por hacerle compañía, porque en realidad ella odia la cerveza. Y él, simplemente no se dará cuenta jamás.
Y el que está a su lado, el gordito, la mira enamorado y no ha tomado nada por querer cuidarla. Tampoco ella se dará cuenta de eso. ¿Y por qué? ─Preguntó mientras daba una fumada larga a su cigarro hasta hacer tronar el tabaco.
─Por qué piensan siempre que les queda mucho tiempo. Gran error. Por qué jamás tienen el tiempo de observar como los miran los demás, lo que dicen en voz baja o entre líneas y así le cierran muchas veces las puertas al amor, ese que muchas veces no vuelve a aparecer.
Eliel lloraba con la cabeza ente los brazos y sobre la mesa.
El viejo lo miraba serenamente.
─Voy rápido al baño ─dije.
Me moví directo al baño y cuando regrese el viejo encendía un tercer cigarro.
─Y bueno entonces ¿Qué haremos? ─Pregunte
─ ¿Ya pensaste en pedirle ayuda al de abajo?
El viejo me miro molesto y dijo
─Ni se te ocurra.
─Pues entonces revélate Eliel ─dije decidido. Eliel pareció considerarlo.
─Basta,-dijo el viejo ya molesto. Haré algo que puede costarme muy caro pero dado que jamás había visto ni escuchado nada similar lo haré como excepción.
El viejo saco una agenda pequeña y muy vieja con hojas amarillentas y algunas desprendidas. Saco unos lentes con uno de los cristales estrellado y un lápiz viejo y mordido, sin goma, pequeño.
─Claudia, Claudia, Acapulco, mmm esta difícil el caso, mucho trabajo en Acapulco. Aquí esta.
Yo ya no entendía nada.
Se acercó a Eliel y en voz baja le dijo
─Has lo que te piden. Claudia va a estar bien por mucho tiempo. Mucho mucho tiempo según mi agenda.
Me empezó a andar del baño nuevamente y no era por cerveza. Me di cuenta que nadie pero nadie absolutamente nadie nos miraba desde que el viejo se sentó junto a nosotros.
Eliel seco sus lágrimas.
─Muchas gracias de verdad. ─Dijo Eliel ahora con una tranquilidad que reflejaba en su rostro.
─No todo es lo que parece ─Dijo el viejo
─¿Quién es usted? ─Pregunte en voz baja al viejo
─Sabes bien quien soy Bruno
─La muerte. Pensé y el viejo sonrió.
─Me voy jóvenes, de vez en cuando escuchen a los viejos siempre tenemos algo que aportarles.
Nos vemos Bruno.
─¿Pronto? ─Pregunte con miedo
─Disfruta tus días
─ ¿días? ─pregunté más asustado
─mmm Veamos, B…Bruno, Bruno… ─decía el viejo mientras consultaba su vieja agenda
─No quiero saber ─dije casi gritando
─ Jajajaja ─se rio el viejo y movió la cabeza negando
─De todos modos no te iba a decir nada, así que tu tranquilo y yo preocupado jajaja
Y salió del subterráneo mientras encendía otro cigarrillo sin parar de reír.
A los pocos minutos, Eliel se despidió de mí.
─Gracias Bruno y buena suerte.
─Adiós Eliel. Dije aun temblando con una mezcla de emoción y miedo y euforia
Si, A Dios, no hay de otra. ─Respondió y se fue.


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