¿Tenía que suceder?
A Camilo le giraba en la cabeza esta pregunta
luego de terminar de escribir con ella por el Facebook.
Estas historias siempre pasan, decía para sí
mismo, sin embargo Ximena le había transmitido un cierto toque de intensidad.
Hablaron a ratos durante dos semanas
olvidando de pronto todo lo que los rodeaba y todo aquello que los conformaba.
Hablar con ella a través de una red social es muy parecido al diálogo de las
almas desnudas. (Consultar mi libro de sueños. Pag. 9) Existen personas a las
que conoces de mucho tiempo y no te atreves a tocarles el hombro. Existen
personas como Ximena que desde el primer día tocar sus manos era absolutamente
necesario.
Hablaron por días negando su presente,
olvidando su futuro, sólo eran en la atmósfera Ximena y Camilo.
Acordaron encontrarse, meses atrás ya se
veían, se sonreían y de vez en vez sus miradas se encontraban. Pero nunca
habían permanecido a solas uno frente al otro.
Ximena acudió a la primer cita y temblaba de
miedo, una corazonada la llevo hasta ahí, no fue el deseo ni la curiosidad que
mato al gato, fue una corazonada que le gritaba avanza.
Camilo parecía estar gravitando en la misma
burbuja, llego un poco despistado pero fingiendo una seguridad que no tenía.
Abandonado al miedo y a la voz de la locura, la misma que le gritaba a Ximena:
avanza.
A mitad de una tarde de ardiente sol, se
vieron a los ojos buscando una razón, uno en los ojos del otro, una sola razón
para no salir corriendo.
Las historias de amor no siempre se acompañan
de cena con velas y vino tinto, esta vez fue pizza y refrescos de naranja los
que acercaron sus voces y silencios.
Ambos tenían una vida, una historia, un
pasado y un presente.
Ambos pertenecían a otros corazones, ambos
sabían que el riesgo de jugar con fuego podría quemarlos a los dos y sin
embargo continuaron platicando hasta la hora de la despedida.
Como en las viejas historias sin ser esta la
excepción, la tarde la cerraron en medio de un beso dulce que cerraba un trato
clandestino y secreto, un beso repentino con sabor a pizza y a naranja.
Hubo días de por medio, más pláticas
virtuales y más confesiones.
-Hagámoslo una sola vez -decían convencidos y
a la vez sintiendo que no eran ellos ese momento, que alguien más les ordenaba
que decir, así era más fácil, culpando a la seducción del otro, negando,
reafirmando también, jugando a lo hago o no lo hago.
Llegado el día pactado, aún había un miedo
que impedía arrojarse al vacío, parecido a lanzarse del bongie. La duda de las conciencias anestesiadas que jamás te dejan
avanzar sin permiso del vulgo.
Se encontraron en un un lugar secreto y como
una escena dantesca, Ximena fue conducida hasta el séptimo círculo, y avanzó
sin titubear confiando en un desconocido al que ese mismo día entregaría todo
cuanto le pidiese.
La cuenta exacta de los besos no se puede
precisar, pero hubo más de una mirada que preguntaba al alma y que hallaba su
respuesta clara en la mirada del otro.
Esa mañana el día se hizo noche y la voz se
volvió bajita y donde estaban ellos nadie podía alcanzarlos. Quedaron atrás
prejuicios, ideas, costumbres y quedaron desnudos también del alma.
Fue una
primera segunda vez.
El secreto de su tiempo solo queda registrado
en la piel de cada uno, no hubo testigos ni nadie que pudiera señalarlos. No
había por lo tanto delito que perseguir.
-Vampiro por un día -pensó Camilo. Se sentía
completo, poderoso, feliz en cierto modo.
Ximena, ella se sentía hechizada, envenenada por los besos de Camilo
cuya saliva ponzoñosa había invadido su cuerpo, su sexo y peor aún, su alma
entera.
Ximena era otra, el vampiro había mordido a
su hermosa víctima, no para quitarle la vida, sino para entregarle otra.
Ximena nunca más volvería a ser la misma.
Ya era otra.

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