Te encontré y una suave alegría destiló tu mirada mi corazón latió pleno en tu abrazo y para ti fué mi aliento.
Un clima de verano acudió a tu bello rostro
y quedé sin habla, contemplando la tierra.
Miré tus piernas y ruborizaron
tomé tus manos y la nieve de tu piel
se derritió frente a mis ojos;
y reiste como niña.
Nos delata nuestra clara simpatía,
llueve y la ilusión disfraza al agua,
la pasión envuelve sin remedio
nuestro idilio a veces lacrimógeno.
Somos presas del amor prohibido
nos lacera el alma y nos lame las heridas.
Contra la corriente se nos va la vida
y regresa intacta al otro día.
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